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Convirtiéndome en un hombre casado en otro mundo

Soje

Capítulo 36


Capítulo 36: Dorothy, Oz y Toto.


Joo-hwan, que se había quedado dormido como un tronco, se despertó cuando el cielo aún estaba oscuro. Era tan temprano que ni siquiera Lizzie se había levantado todavía. 

Dorothy, que había estado durmiendo junto al hogar, se había escabullido de alguna manera entre las piernas de Joo-hwan y Lizzie, y dormía allí.

Estaba acurrucada como un caracol debajo de la manta. Al verla esconder la cabeza de esa forma, Joo-hwan sintió preocupación antes de que pudiera darle risa. ¿Podría respirar bien?

Gracias a la paja que habían comprado, la cama estaba acolchada. Para Joo-hwan, que conocía los colchones modernos, el hecho de que la paja le picara el cuerpo debajo de la tela era bastante incómodo, pero para Lizzie y Dorothy fue muy bien recibida. Dorothy no paraba de dar vueltas en la manta, diciendo que estaba suave.

Joo-hwan salió de la cama en silencio. Solo se escuchaba el crujido de la leña. Se vistió sin hacer ruido y salió para no despertar a Lizzie. 

Gus le había dicho que no podría venir en unos días; parecía estar ocupado por alguna razón.

Al salir, Joo-hwan avivó un poco la fogata y comenzó a armar la puerta de la cerca que no había terminado el día anterior. 

Era más difícil de lo que pensaba. Al intentar hacerla lo bastante ligera como para que Lizzie y Dorothy pudieran abrirla, se dio cuenta de que sus habilidades eran bastante deficientes.

Justo antes de que el cielo aclarara, Lizzie se despertó. Había un leve rastro de sueño en el rostro de su esposa cuando salió a ver cómo estaba. 

Él interrumpió su trabajo y fue a traer agua del manantial.

Mientras tanto, Lizzie lavaba la ropa. 

En este mundo sin lavadoras, lavar la ropa era una gran tarea. 

La ropa que había estado en remojo en agua con ceniza toda la noche se enjuagaba y se volvía a lavar con agua limpia desde muy temprano, para quedar colgada al sol en cuanto este salía. 

Las prendas pequeñas eran manejables, pero las piezas grandes, como las mantas, eran difíciles de escurrir y colgar en las varas de bambú para una sola mujer.

Sin una secadora, la tela mojada pesaba mucho más de lo esperado.

Siempre que Joo-hwan estaba cerca, la ayudaba, pero por alguna razón Lizzie tendía a encargarse del trabajo sin su ayuda. Cada vez, Dorothy insistía en cooperar, lo que hacía que la tarea se volviera más grande y problemática. 

Por fortuna, la ropa sucia de hoy era poca. Uno de los vestidos de Dorothy y la ropa de Joo-hwan.

Joo-hwan reanudó el trabajo en la puerta de la cerca. Para cuando finalmente logró colgarla, el sol ya estaba alto en el cielo. 

Ayer no había revisado las trampas. Como el día anterior no había caído ningún conejo, pensó que no sería necesario revisarlas a diario.

Dorothy se había llevado una gran decepción. La niña parecía pensar que se atraparían dos o tres conejos todos los días.

Para ser sincero, Joo-hwan también estaba algo desilusionado. Había creído que atraparían al menos un conejo al día. Esperaba que hoy cayera aunque fuera uno.

Antes de salir, Joo-hwan lanzó un hechizo de curación sobre el conejo bebé, que se había despertado y se retorcía. Aunque todavía no le crecía pelo en la zona herida, la carne ya había sanado un poco. Sus órganos internos también debían de estar recuperados en su mayoría.

Justo cuando pensó que le había infundido suficiente magia, pareció filtrarse una tenue luz en la frente del conejo bebé, justo donde estaba el cuerno. La luz no salía al exterior, pero se sentía como si se hubiera encendido una bombilla por dentro de la piel.

***

Sin embargo, cuando parpadeó y volvió a mirar, ya había regresado a ser un conejo común. El animal se le quedó mirando con sus grandes ojos negros muy abiertos.

Gus no mencionó nada parecido a esto.

Qué extraño. Ayer, mientras aprendía arquería, Joo-hwan le preguntó a Gus sobre el conejo con cuernos. Si era peligroso, si se podía criar, cosas como él.

No entendió todo, pero según Gus, el conejo con cuernos es un animal llamado “masu” que vive en el bosque o en los campos. Por lo que comprendió a grandes rasgos, era como los monstruos o las bestias de la Tierra.

Por lo que dijo Gus, parece que los conejos con cuernos que viven en estado salvaje son peligrosos; si te acercas, pueden morder y matar a los niños. 

Pero si los crías desde muy pequeños, no pasa nada. Gus le explicó con gestos que, de hecho, hay personas que crían masu.

Aun así, por más que hacía memoria, no recordaba que hubiera mencionado que brillaran. Si Gus lo hubiera sabido, sin duda lo habría dicho. Tal vez existían diferentes tipos de conejos con cuernos.

Joo-hwan le habló al conejo bebé, que lo miraba fijamente.

  • Tú no sabes por qué brillas, ¿verdad? ¿En serio eres un conejo con cuernos? Más vale que no seas uno peligroso. No debes poner en riesgo a Lizzie ni a Dorothy.

El conejo bebé, que había estado callado, movió la boca y emitió un pequeño sonido.

  • Piiip.

Qué raro. ¿Acaso los conejos hacen “piiip”? El masu puede parecer un conejo, pero podría ser una clase de animal diferente. 

Joo-hwan se agachó y miró fijamente a los ojos del conejo.

  • ¿Puedes entenderme?
  • Piiip.
  • ¿No me entiendes?
  • Piiip.

Parecía que no entendía. Por si acaso, volvi a lanzar un hechizo de curación sobre el conejo bebé, pero no volvió a brillar. Pensé que podría haber sido una ilusión, pero no. La luz provino claramente del lugar donde estaba el cuerno.

La próxima vez que vea a Gus, le preguntará si existe un masu así.

Joo-hwan tomó su arco y sus flechas y salió. No llevó comida. El lugar donde colocó las primeras trampas para conejos estaba lejos de casa, pero ahora, tras explorar solo, había encontrado huellas de conejo cerca, así que no había necesidad de ir lejos.

De las cinco trampas que instaló, tres habían atrapado conejos. 

Tras tratar rápido con ellos y meterlos en una bolsa de tela, Joo-hwan deambuló un rato buscando rastros o excrementos de otros animales. 

No conocía todas las huellas; había aprendido a reconocer las de conejos y ciervos gracias a Gus, pero poco más por el momento.

Aun así, lo importante era observar y aprender seguido. Así era como le enseñaba Gus. Aunque no lo supieras de inmediato, lo importante era acostumbrarse a verlos. 

Todavía había mucha nieve, por lo que de vez en cuando se encontraban huellas. La mayoría eran pequeñas.

Curiosamente, algunas huellas de animales se parecían mucho a las humanas. Por ejemplo, las de las ardillas; parecía como si unos huesos humanos hubieran dejado las marcas. Por fortuna eran pequeñas y tenían un número diferente de dedos, de lo contrario habría sido espeluznante.

No había huellas que llamaran especialmente la atención, casi todas eran de animales pequeños. 

Joo-hwan recorrió la montaña un rato con la mirada fija en el suelo, revisando si había algo más que pudiera cazar o comer, pero aparte de los conejos, no hubo más cosecha.

***

Alrededor de la hora del almuerzo, Joo-hwan regresó a casa. 

La puerta estaba cerrada por dentro; él mismo les había indicado que lo hicieran así. Al llegar a la puerta, Joo-hwan abrió la boca para llamar a Lizzie, pero antes de que pudiera emitir un sonido, escuchó la voz de Dorothy a través de la rendija.

  • ¡Papi!
  • ¿Dorothy?

Sorprendido, miró hacia la puerta y, por la estrecha rendija, vio los ojos de la niña.

  • ¡Papi, Dorothy va a abrir la puerta!

Con ese grito, se escuchó el sonido del pestillo de madera al ser retirado desde el interior. La puerta se abrió de inmediato y la niña salió corriendo.

  • ¡Papi, Dorothy abrió la puerta!
  • ¿Estabas esperando a papi? 
  • ¡Sí! Dorothy estaba esperando. Esperando a papi. ¡Mucho, mucho!

Dorothy mostró diez dedos y luego los volvió a mostrar. Parecía que había estado yendo y viniendo, vigilando la rendija de la puerta para abrirla.

  • Gracias, Dorothy.
  • ¡Sí! ¡Dorothy está ocupada!

La niña sonrió alegremente y luego corrió hacia adentro. Esta vez, llamó a Lizzie ruidosamente.. 

  • ¡Mamá! ¡Papi llegó! ¡Papi llegó!

De verdad parecía muy ocupada. Joo-hwan volvió a cerrar la puerta por dentro y entró.

Como Dorothy había abierto la puerta, ahora exigía los nombres para el conejo y el muñeco. Él había dicho que pensaría en buenos nombres durante un rato, pero de alguna manera eso se había convertido de pronto en una condición de intercambio.

Al conejo lo llamó Oz. Si estaba Dorothy, tenía que estar Oz. El nombre del muñeco fue Toto; era el nombre del perro que Dorothy tenía en la novela.

  • Dorothy, Oz y Toto.

Los ojos de Dorothy brillaron. Parecía gustarle.

  • ¡Dorothy, Oz, Toto!

Dorothy anduvo por la casa un buen rato, gritando sin parar con el conejo bebé y el muñeco dentro de la canasta.

*

La aldea era un alboroto por dentro y por fuera. Bastaba con que dos personas se reunieran para que se enfrascaran en hablar sobre los duendes con rostros llenos de ansiedad. Ya habían escuchado antes que los duendes eran así, y los abuelos contaban historias de hace mucho tiempo, y demás... Se miraban unos a otros y, en cuanto abrían la boca, el tema eran los duendes.

Todos estaban inquietos y nerviosos porque Gus había descubierto a un duende. Este ambiente continuaría probablemente hasta que llegara el aventurero. 

En realidad, los aventureros no tenían nada de especial, pero para los aldeanos ignorantes y desvalidos, aquellos que se enfrentaban a los monstruos resultaban impresionantes.

El jefe de la aldea miró a su esposa, que entraba a la casa con cara de pocos amigos. Bang, Bang. Pisoteó fuerte a propósito y cerró la puerta con brusquedad. Se notaba bastante insatisfecha. 

El jefe de la aldea suspiró y le preguntó a su esposa, mirándole la nuca:

  • ¿Ya terminaste de limpiar el carruaje?
  • Ya está.

Respondió su esposa, mirándolo de reojo. Seguía con expresión de desagrado. Su voz era protestona, su gesto era protestón y tenía los labios estirados como el pico de un pato.

  • ¿Qué es lo que te tiene tan inconforme? 

Preguntó él con irritación, y su esposa aprovechó la oportunidad para desahogarse.

  • Ya tengo demasiado trabajo, ¿por qué me pides de repente que limpie un carruaje que ni siquiera usamos? Ni siquiera es nuestro, ¿tengo que hacerlo todo yo?
  • Eso es porque...

El jefe de la aldea intentó responder, pero su esposa lo interrumpió rápidamente.

—¡Ay! ¿Qué más da si soy la esposa del jefe? Aunque lo haya cuidado con esmero, si la aldea lo pide, tengo que entregarlo. Tengo que hacer sola todo el trabajo comunitario, y ese carruaje no se ha usado en décadas. ¿Acaso funciona?

Aún parecía molesta por el hecho de tener que darle la tela a la esposa del guardabosques. De verdad, esta mujer suya era un dolor de cabeza. El jefe de la aldea suspiró de nuevo y habló:

  • Te lo dije antes. Ese carruaje es...

Pero no pudo continuar. Su maldita esposa volvió a interrumpir como una cotorra.

  • Ya lo sé. En caso de que los duendes vengan a la aldea o sean más de los esperados, podemos escapar en él. Pero Gus dijo que solo habría una docena de duendes como mucho.
  • ¡Escúchame!

Gritó el jefe de la aldea, y su esposa se sobresaltó y guardó silencio. Por fin, un poco de paz. De verdad, si te quedas callado, la gente piensa que eres un estupido. El jefe de la aldea respiró hondo otra vez

  • Claro, Gus dijo eso. Pero podría haber duendes que no vio. Podrían ser de varias tribus, y si atacan la aldea sin ninguna preparación, ¿qué haremos?
  • No todo en este mundo sale como se planea. ¿Cuántas cosas he vivido como jefe de la aldea? Tengo mis razones para hacer las cosas, así que deja de fastidiar.
  • Pero cariño, entonces podemos cargar nuestras cosas en nuestra carreta. ¿Por qué usar ese carruaje grande que ni siquiera tocamos?

Su esposa seguía descontenta por tener que limpiar y mantener el gran carruaje ella sola. Su voz se volvió más baja, pero continuó quejándose.

El carruaje que mencionaba era uno que la aldea había comprado y utilizado de forma comunitaria hacía mucho tiempo. 

En los buenos tiempos, se usaba para transportar los productos del pueblo a las grandes ciudades para venderlos; y en los tiempos difíciles o de hambruna, se usaba para vender personas. 

De vez en cuando, se utilizaba para las hijas que se casaban en lugares lejanos o para los hombres que se llevaban a la guerra, realmente era un carruaje comunitario multiusos.

Sin embargo, con el paso del tiempo el carruaje envejeció y, a medida que la población de la aldea disminuía y la vida se hacía más dura, rara vez se utilizaba. Ahora permanecía abandonado detrás de la casa del jefe de la aldea. 

Pero aunque era viejo, seguía siendo propiedad comunal, por lo que cada pocos años los aldeanos se turnaban para limpiarlo y repararlo. Revisaban si tenía piezas rotas y le hacían mantenimiento. Siempre estaba listo para usarse.

  • Nuestra carreta está completamente descubierta, sin techo. Si de repente la cargamos con cosas, la gente lo verá y pensará que el jefe de la aldea intenta escapar solo.
  • … 
  • Déjate de tonterías y carga algo de comida en el carruaje cuando nadie esté mirando.
  • … 
  • ¿Entendido?
  • Entendido.
  • Cárgalo generosamente. Si no pasa nada, podemos volver a descargarlo, así que no seas tacaña con las provisiones.
  • Ya basta, deja de hablar. Ya entendí.

Su esposa frunció el ceño y se marchó con paso firme hacia la cocina.

De verdad, ella no entiende a la gente.

El jefe de la aldea frunció el ceño profundamente. 

La última vez que fue a la ciudad a reunirse con el informante, las cosas no salieron bien.

Se decía que los curanderos eran muy raros en estos días, pero el informante no se ofreció de inmediato a conectarlo con un noble de otro territorio. Solo preguntó de qué aldea se trataba y qué tan poderoso parecía ser el curandero.

Dijo que se pondría en contacto conmigo más adelante, pero me siento inquieto.

Al menos consiguió la promesa de que no vendería la información a otro informante y recibió una pequeña cantidad de dinero. Era un leve alivio, pero no pudo evitar suspirar al pensar que tal vez no valía tanto como había esperado. Realmente, las cosas en este mundo no salen como se planea.


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