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Convirtiéndome en un hombre casado en otro mundo
Soje
Capítulo 38
Capítulo 38: Matenlos hasta el último de ellos.
Joo-hwan se inclinó y examinó el suelo de cerca. Varias huellas quedaban marcadas en la nieve y las hojas secas.
Se parecían a las huellas humanas, pero eran un poco diferentes. Los dedos y las uñas eran más largos que los de un humano. Y eran pequeñas; mucho más pequeñas que las de un hombre adulto. Quizás se parecían al tamaño de los pies de Lizzie, o tal vez eran un poco más grandes.
No es un humano.
Si fuera una persona, habría llevado zapatos. Pero tampoco era un animal. Era algo que no era ni humano ni bestia.
Las huellas no parecían viejas, pero Joo-hwan no había escuchado ningún sonido al acercarse. Debía de haber pasado un buen rato desde que cruzaron por ahí.
Joo-hwan se puso de pie. Se sentía inquieto; su corazón no hallaba paz.
Siguió el rastro de las huellas. Parecía que venían desde lo profundo de las montañas hacia este lugar. No eran solo una o dos; eran al menos veinte o treinta, tal vez incluso más.
Al seguir el rastro un trecho, vio que habían deambulado de forma caótica, pero no iban a cualquier parte: se dirigían hacia un rumbo específico.
Era un camino diferente al que Joo-hwan solía tomar, pero tenía una idea aproximada de a dónde conducía. Era un desvío, pero sin duda iba hacia allá.
Tal vez van en una dirección completamente distinta. Es una montaña sin un camino fijo; hay más de un sendero.
Joo-hwan dejó el rastro de huellas y regresó a la ruta que tomaba habitualmente. La forma más rápida de llegar a casa era por aquí.
Antes de que pudiera pensarlo, su cuerpo se movió por sí solo, cortando el aire mientras corría a toda velocidad. Joo-hwan empezó a correr como un loco, con los pies casi sin tocar el suelo.
No sabía quién era el dueño de las huellas, pero estaba seguro de que se dirigían hacia su hogar, donde estaban Lizzie y Dorothy.
Por favor, Dios, si hay un Dios en este mundo, en este universo y en la Tierra que aún pueda existir en algún lugar, no me quites nada más... Si me lo vas a quitar, no me lo des en primer lugar. Por favor, por favor, te lo ruego de todo corazón.
Sentía que el corazón le iba a estallar en cualquier momento.
*
El estofado de mamá está lleno de carne; es delicioso. Ya se me hacía la boca agua.
El conejo bebé se retorció, intentando salirse del bolsillo.
Dorothy frunció el ceño y miró hacia abajo.
Mamá le había hecho un bolsillo en la ropa; un bolsillo grande. El conejo bebé estaba allí dentro.
Genial, perfecto. Es el fin. Dorothy asintió, repitiendo las palabras que su difunto padre solía decir a menudo. “¡Es el fin!”. Su padre lo había dicho muchas veces cuando ella era pequeña. No sabía qué significaba, pero parecía encajar a la perfección en este momento. Dorothy asintió de nuevo.
La cara del conejo bebé estaba completamente metida en el bolsillo. Sus orejas sobresalían un poco, pero no había nada que hacer; las orejas del conejo eran demasiado grandes. Si intentaba meterlas todas, el bolsillo de la ropa de Dorothy quedaría demasiado grande, y eso no podía ser: arruinaría la ropa tan bonita que la mamá le había hecho.
***
Dorothy asomó la mirada al bolsillo y agachó la cabeza. El conejito bebé, Oz, miró a Dorothy con sus ojos negros desde el interior del bolsillo.
No hubo respuesta, pero no importaba; los conejos no hablan. Oz es un bebé, así que menos puede hablar; no se podía evitar.
Dorothy se puso el abrigo nuevo que su madre le había hecho sobre el vestido, el cual se sentía pesado por el conejo. Es abrigado y bonito.
Volvió a decirle al conejo de su bolsillo las palabras que ya había repetido muchas veces:
Por alguna razón, se sentía feliz y orgullosa. Dorothy infló el pecho.
Su madre, que estaba probando el estofado en la cocina, se rió disimuladamente. Dorothy estaba feliz porque su madre estaba feliz. Qué bien. Dorothy se sentía tan contenta que, sin darse cuenta, habló en voz muy alta.
Dorothy salió sujetando con ambas manos el bolsillo, que se había vuelto pesado por el conejo. El animal se había bajado hasta su vientre y sus piernas, lo que le dificultaba caminar; andaba como un pato.
En cuanto abrió la puerta y salió, sopló un viento frío. El sol estaba alto en el cielo, pero hacía mucho frío.
Mamá decía todos los días: "Hace tanto frío, y papá tiene que salir y trabajar duro. Me da mucha pena".
Caminando como un pato, Dorothy le dijo eso a Oz. Oz debía de sentir lo mismo; Oz es el conejo de Dorothy, así que pensaban igual.
Oh, olvidé a Toto. Toto también querría recibir a papá. Dorothy dudó si regresar a la casa por el muñeco, pero ya casi era hora de que llegara papá. No había tiempo para volver; sería un problema si papá llegaba mientras ella no estaba.
Por eso no podía perderse el recibirlo. Le dijo eso a Oz, pero el conejo bebé solo movía las orejas de un lado a otro; parecía que no entendía bien.
Vaya, de verdad que Dorothy está muy ocupada. Tiene que recibir a papi y ayudar a mamá. Mamá dijo que Dorothy tiene que probar la comida cuando cocina para que quede bien. Además, tiene que cuidar y enseñar al conejo bebé y al conejo de trapo.
Dorothy corrió a toda prisa hacia la puerta de la cerca. Todavía era temprano para que llegara papá, pero...
Le pareció escuchar un sonido afuera. Papi ya debía de haber llegado. Dorothy se pegó a la puerta, sosteniendo al conejo con nerviosismo.
La puerta se cerraba colocando una barra de madera de forma horizontal. Si levantaba la barra, se abría con facilidad. Papi se había esforzado mucho en hacerla así para que Dorothy también pudiera abrirla.
La puerta era para mantener fuera a los animales malos, pero si algo lograba entrar, Dorothy tenía que poder escapar con facilidad. Por eso la puerta era fácil de abrir; Dorothy podía hacerlo.
Dorothy puso la mano en la barra para abrir la puerta, pero entonces soltó un "Ah". Mamá también hacía eso: no debía olvidar lo que papá había dicho. Papá le repitió varias veces que tuviera cuidado.
Después de decirle eso a Oz, Dorothy pegó un ojo a la rendija de la puerta. Cuando papá llega a casa, agacha la cara hacia la rendija para que Dorothy pueda verlo; entonces, los ojos de Dorothy y de papi se cruzan. Incluso ahora...
Sus miradas se cruzaron.
Pero no era papi. Era completamente diferente a papi. La parte blanca de los ojos era amarilla, con hilos rojos como venas. Parecía una bestia. Esos ojos aterradores miraban fijamente a los ojos de Dorothy.
—Ji...
Un sonido extraño salió de su boca. Estaba tan asustada que ni siquiera podía llorar. Su cuerpo estaba congelado como el hielo, incapaz de moverse. Sabía que tenía que salir corriendo, pero no podía dar un paso.
Un olor extraño flotaba desde el otro lado de la puerta, y un sonido raro, parecido a una risa, se filtró a través de la puerta.
Dorothy no podía moverse en absoluto; solo sus ojos lo hacían. Una mano se movió al otro lado de la puerta; los ojos de Dorothy siguieron el movimiento de esa mano.
Aquello levantó la mano y la acercó a la puerta: tenía uñas largas. Las uñas largas se acercaron al rostro de Dorothy; se movían para pasar a través de la rendija.
Ella miraba, pero no podía reaccionar: sentía como si alguien hubiera atado su cuerpo con cuerdas invisibles.
Empezó a llorar, pero su cuerpo no respondía. ¿Qué debía hacer? ¿Qué debía hacer? Tenía que huir, pero sus piernas no se movían para nada; no sabía qué hacer.
Un llanto brotó de su boca y las uñas largas se deslizaron por la rendija de la puerta.
En ese preciso momento.
De repente, las uñas fueron jaladas hacia afuera de golpe. Los ojos amarillos desaparecieron; la extraña criatura fue sujetada por alguien y apartada de la rendija.
Gritó Dorothy con fuerza. Era papá. Papá había llegado, había agarrado a ese ser extraño y lo había lanzado lejos.
Al escuchar la voz de Dorothy, papá giró la cara hacia la puerta por un instante y sonrió, como diciendo: “No te preocupes, Dorothy”. Todo está bien, Dorothy. Sus labios no se movieron, pero sintió como si papá estuviera diciendo eso.
Sin embargo, papá giró de inmediato su cuerpo hacia el extraño ser.
A través de la estrecha rendija de la puerta, pudo ver a muchas criaturas extrañas corriendo desde lejos. Eran monstruos. Lo entendió porque papá estaba enfrentando a esas cosas raras: no eran personas, eran monstruos. Los monstruos corrían entre los árboles.
Ya fuera por la voz de Dorothy o por otra razón, escuchó el grito de la mamá desde donde estaba la casa.
Al dar la vuelta, vio a mamá corriendo con desesperación hacia ella.
Hacía un momento había tenido miedo, pero ahora estaba bien; de verdad estaba bien. Papá estaba aquí. Papá, que era increíblemente fuerte, estaba aquí, así que mamá no tenía que preocuparse.
Intentó decir eso, pero no le salió la voz; por alguna razón, solo brotaban sonidos de llanto.
Mamá llegó a su lado y de pronto jaló a Dorothy. Dorothy fue apartada de la puerta y quedó entre los brazos de mamá. El pecho de mamá estaba presionado contra su espalda; su espalda se sentía cálida.
La mamá de Dorothy, sosteniendo tanto a ella como al conejo, temblaba. Dorothy miró las manos de su mamá frente a su propio vientre y se dio cuenta de que su propio cuerpo también vibraba con tremenda fuerza.
Qué extraño. Dorothy no había tenido nada de miedo en cuanto llegó su padre, así que ¿por qué temblaba de esta manera? Era muy raro. Gotas de agua caían de sus ojos sobre las manos de su mamá.
¿Qué debo hacer? Hay demasiados monstruos. Solo hay un papá, pero han venido tantos, tantos monstruos... Si papá desaparece como el mi otro papá que murió en las montañas, ¿qué haré entonces? Si papá desaparece….
Un llanto enorme estalló de su boca.
***
Cuando Joo-hwan llegó corriendo a casa, lo primero que vio fue a un monstruo agachado que permanecía de pie con torpeza ante la cerca.
Nunca había visto uno en la vida real, pero sabía lo que era; pudo darse cuenta de inmediato. Era una figura que había visto muchas veces en películas y caricaturas.
La criatura tenía una piel que parecía una mezcla de verde y marrón. Sus orejas eran un poco puntiagudas y era baja de estatura; parecía más pequeña que Lizzie, pero sus pies eran proporcionalmente grandes. Vestía algo demasiado andrajoso como para llamarlo ropa: apenas un trozo de tela envuelto alrededor de la cintura.
Un duende.
Joo-hwan revisó rápidamente los alrededores de la casa. Las otras criaturas aún estaban lejos, todavía en el bosque; esta parecía haber llegado antes que las demás. La criatura encorvaba el cuerpo de forma extraña, mirando a través de una rendija de la puerta.
¡Dorothy!
La niña siempre esperaba en la puerta para recibir a su padre. Joo-hwan sintió que el pecho le iba a estallar por el calor del pánico.
Ahora mismo tengo que quitar a esa criatura de la puerta de la cerca.
La velocidad de Joo-hwan al correr aumentó; sentía como si los pies le ardieran.
El duende parecía estar sonriendo con malicia: levantó la mano e introdujo sus uñas, mucho más largas que las de un humano, en la rendija de la cerca.
Se alcanzaba a escuchar el leve sonido del llanto de un niño.
Joo-hwan tomó impulso en el suelo y saltó por el aire, extendiendo la mano.
Logró agarrar por los pelos la cabeza de la criatura; su cabeza pegajosa y resbaladiza tenía un cabello áspero.
En un instante, enredó los cabellos de la criatura en sus dedos y tiró hacia atrás; el monstruo fue arrastrado como si fuera un tigre de papel.
Al mirar de reojo hacia la cerca, vio unos ojos redondos más allá de la rendija de donde se apartaban las largas uñas del duende.
Menos mal. No fue demasiado tarde. Los ojos de la niña estaban muy abiertos por el miedo, pero ilesos; no había sangre roja en el pedacito de piel visible a través de la estrecha rendija.
La niña lo llamó: “Papá”. Tras tranquilizarla con una sonrisa, Joo-hwan giró el cuerpo.
Los duendes venían corriendo desde el bosque; a simple vista, eran decenas de ellos. Joo-hwan sacó el hacha que llevaba guardada en la cintura. Todavía no tenía experiencia con el arco y la flecha, y no confiaba en su puntería en una situación de tanta emergencia: sería más rápido pelear con el cuerpo.
Joo-hwan calculó la distancia de los duendes que venían a lo lejos y dio unos pasos hacia el duende que acababa de lanzar al suelo.
A estas criaturas, las voy a matar a todas. Sin dejar ni una sola, las mataré a todas.